El fuego sagrado empezó su viaje

“La esperanza ilumina nuestro camino”. El lema dejó de ser simplemente palabras para convertirse en una realidad, cuando se encendió este jueves la antorcha que hará arder el pebetero de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Como indica el ceremonial que cada cuatro años se practica en las ruinas de Olimpia, la Suma Sacerdotisa de la diosa Hera pidió silencio al centenar de personas que tomaron parte de un acto sin presencia de público, como previsión sanitaria por el avance del coronavirus, invocó al dios Apolo y pidió “cielos despejados para que la llama pueda encenderse”.

Un espejo parabólico que hizo el efecto de una poderosa lupa usó los rayos del sol para encender la llama, cuya primera portadora en ruta al relevo fue la ganadora de oro en el tiro de Río 2016, la griega Anna Korakaki, quien sostuvo en una mano la antorcha y en la otra una rama de olivo.

Fue la primera vez en la historia que una atleta mujer recibía la llama y también la primera vez que el tramo inicial del relevo se hacía entre dos damas, pues Korakaki pasó la llama a la japonesa Mizuki Noguchi, ganadora del maratón en Atenas 2004.

La antorcha realizará un recorrido por Grecia, antes de ser entregada el 19 de marzo a dos emisarios del país sede, el judoca Tadahiro Nomura y la luchadora Saori Yoshida, que lo llevarán en avión a la Tierra del Sol Naciente, para comenzar su recorrido hasta el estadio Olímpico de Tokio.

“Es la universalidad lo que hace a los Juegos Olímpicos tan especiales. En Tokio 2020 estaremos todos unidos, juntos en toda nuestra diversidad, estaremos unidos por nuestro compromiso con los valores olímpicos, por nuestras emociones”, festejó en su discurso el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach. “Esto hace a cada uno de nosotros un miembro de esta comunidad olímpica, que demostrará al mundo que nuestra humanidad compartida será más poderosa que todas las fuerzas que quieren dividirnos”.

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