COMITE OLIMPICO VENEZOLANO

Armando Bustos: aprendiendo de los grandes

Armando Bustos pudo haber estado con otro equipo en estos Juegos Olímpicos de la Juventud. ¿Quién sabe si en lugar de atletismo se hubiera uniformado con el baloncesto 3×3? Su estatura de 1,85 fue un acicate natural para acercarse al básquet, pero apenas llegó a probar con el atletismo, su talento innato para los saltos se puso de relieve para los entrenadores que lo vieron aquella primera vez.

“A mí me gustaba el básquet, todavía me llama bastante la atención, pero un día fui a la pista de atletismo con unos compañeros y me invitaron a saltar. Cuando me vieron me dijeron que lo hacía muy bien y me quedé un mes más”, cuenta el espigado jovencito, que cuando no está en acción oculta sus rulos castaños bajo una gorra de patinetero.

Ese breve lapso entrenando en su natal Monagas bastó para que se ganara un puesto en la selección de Venezuela para su primera competencia internacional. Armando le tomó el gusto a los sellos en su pasaporte, cuando poco después se subió también al avión para los Suramericanos Escolares de Paraguay.

“Como vi que el atletismo me podía llevar a conocer muchos países, decidí quedarme”, reconoce Bustos, uno de los apenas tres competidores de pista y campo de su estado con cupo en la selección nacional.

Ya concentrado en Caracas, fue puesto a las órdenes de Johnny Rodríguez, el entrenador que ha llevado a otro criollo, Eure Yánez, a convertirse en uno de los mejores del mundo, con el récord personal de 2,31 m que le permitió incluso disputar una válida de la Diamond League y ganarse un puesto en el club Barcelona FC.

Precisamente Eure ha sido uno de los mentores de Armando. Durante los entrenamientos que han compartido desde que el mirandino regresó de España, no han faltado los consejos y las orientaciones.

Y es que Armando es una joven promesa inspirada por los grandes, pues confiesa que su ídolo es el campeón mundial Mutaz Essa Barshim, el hombre que más se ha acercado al récord mundial de Javier Sotomayor.

Apenas tres años de práctica fueron suficientes para que Armando registrara el 2,00 que hoy lo tiene clasificado a los Juegos Olímpicos de la Juventud, y que constituye la cuarta mejor marca de Latinoamérica. Ahora el monaguense se atreve a llevar sus aspiraciones mucho más lejos: “Le pido a Dios que me haga realidad el sueño de una medalla olímpica”.

Deja un comentario